Aci Américas
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Oct 28, 2014
La Gaceta visitó la villa 31, donde vive y trabaja desde hace 15 años el cura Guillermo Torre. Fue uno de los integrantes de la delegación de Cooperar que visitó el año pasado el Papa y nos contó que el cooperativismo puede ir de la mano con la doctrina del Evangelio para generar herramientas de desarrollo económico y social en los sectores más desfavorecidos.

La audiencia mantenida el 15 de octubre de 2013 con el Papa Francisco abrió la puerta a la dirigencia cooperativa nacional e internacional para generar vínculos de trabajo con órganos de la Iglesia Católica como la Pastoral Social y la Vicaría de Villas. En ese marco, visitamos una de las parroquias del barrio 31 Carlos Mugica, en la ciudad de Buenos Aires, donde el cura Guillermo Torre es un referente de los vecinos.

 

-¿Qué novedad significó para ustedes encontrarse con la visión del cooperativismo en el seno del Vaticano?

-Se ha generado un vínculo donde descubrimos que hay muchas cosas en común en el pensamiento y en el actuar, que antes no habíamos compartido. Creo que el viaje al Vaticano selló una relación muy buena porque al aunar fuerzas podemos llegar a hacer muchas cosas juntos. Para el propio Francisco fue muy bueno. Todo lo que habló en ese momento y después sobre el cooperativismo deja claro cómo lo valora para seguir luchando contra esta economía injusta que se basa en el dinero y no en la persona. Pienso que se generó una linda relación a nivel global que permite aunar esfuerzos para trabajar por el bien de la humanidad. Es muy bueno que desde la Iglesia podamos relacionarnos con otros actores como las cooperativas.

 

-¿Cómo puede plasmarse ese vínculo en los territorios?

-La idea con Cooperar es empezar a hacer cosas juntos, en el marco de un convenio que vamos a firmar para establecer un compromiso de colaboración mutua con la Vicaría Episcopal para las Villas. Vamos a buscar distintas formas de aportar a estos barrios obreros a través de la capacitación y todo aquello que sea necesario para que la gente pueda autogestionarse, tanto acá como en el Bajo Flores. Después cada cura en su barrio verá que se puede hacer porque, si bien hay muchas cosas en común, cada lugar es particular.

 

-¿Cuáles son los principales puntos de contacto en términos doctrinarios?

-Uno de los puntos en común que tenemos entre el cooperativismo y la Iglesia es que el centro es el hombre, no el dinero. El cooperativismo, donde no es el patrón el que manda sino que se crea una conciencia con la comunidad, donde todos somos parte y responsables, tiene mucho que ver con el cristianismo. Hay muchos valores en común, con el foco en la solidaridad y en pensar el bien común para el progreso de todos.

 

-Habló de la lucha contra un modelo económico injusto, ¿qué aportes conoce de las cooperativas?

-Sabemos que en muchísimo lugares del país la gente ha recuperado empresas y los trabajadores son los dueños. En nuestros barrios hay cooperativas de trabajo que van haciendo los arreglos en las calles, cloacas, dan luz, telefonía y hasta televisión por cable. La gente las fue armando para salir de la crisis y ayudaron tanto a mejorar la calidad de vida de los vecinos como a generar fuentes de trabajo dignas.

 

-¿Con qué dificultades se encuentra este tipo de propuestas?

-Es un gran trabajo de hormiga porque las personas estamos acostumbradas a la relación con un patrón, eso está arraigado. Por ahí cuesta un poco pero está bueno generar esa conciencia de que todos podemos ser parte de algo y que podemos hacerlo juntos, buscando el bien de todos. Y para poder asistir a la gente hay que conocer la realidad del barrio, eso no se hace desde un escritorio o a través de la TV. Más de la mitad de los habitantes acá son niños, adolescentes y jóvenes. Hay que difundir más el espíritu del cooperativismo.

 

Nota completa en la edición impresa de La Gaceta

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